El fútbol tiene que ser reunión de apasionados por sus equipos, pero no de violentos

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De repente, la aparición en los medios de comunicación de algunos episodios de ataques de violentos amparados en su pertenencia a peñas futbolística vuelven a agitar la sensibilidad general y ya está en la palestra el debate sobre si ha crecido la agresividad entre seguidores de este deporte.

La decisión del Tribunal de Justicia de Navarra de juzgar a una veintena de componentes de Indar Gorri de Osasuna, que no a la peña como tal, mucho más numerosa y con gente también sana en el grupo, ha devuelto la intranquilidad de muchos. Se une la cobarde agresión del seguidor del Betis que atacó sin ton ni son a un ciudadano en Bilbao porque le divertía hacerlo mientras compañeros lo grababan, lo divulgaban y se mofaban de la fechoría.

Seguro que recuerdan el fallecimiento de un seguidor del Depor en las proximidades del Manzanares, cómo no mucho antes el asesinato de Aitor Zabaleta en el mismo escenario. Cuando ocurren esos actos violentos con consecuencias trágicas se genera una alarma social provocada, eso sí, por la emisión a través de los medios de comunicación de los sucesos. Ahora también, no solamente las gentes del fútbol se alarman porque ven los ataques en las televisiones, pero cuando pasa la tormenta, nos olvidamos de Santa Bárbara, la patrona del temporal.

El fútbol es un caldo de cultivo para proteger las fechorías de los salvajes, porque es una congregación muy numerosa en la que la mayoría tienen un propósito de apoyo al club que les apasiona, pero entre ellos se refugian violentos que comenten delitos y comprometen a todos los componentes de una afición.

No dudo de que a la mayoría de los componentes de las peñas del fútbol les duele que en su grupo haya delincuentes que disfrutan haciendo lo que les mueve, que va mucho más allá de seguir y animar a un equipo de fútbol, sino esconderse en el tumulto para delinquir porque es su modus vivendi.

Los clubes tienen que estar muy atentos permanentemente a los movimientos y la seguridad de sus seguidores, señalando a quienes rompen las normas de educación que debe presidir la tolerancia entre peñas de diferentes clubes ante un enfrentamiento deportivo. Afortunadamente hay, como ocurrió ayer en Gasteiz, encuentros amistosos entre peñas de diferentes clubes, en ese caso como vemos en la fotografía de seguidores del Alavés con los del Eibar, porque el fútbol tiene que ser, además, una buena excusa para unir más que para separar.

Acordarse de Santa Bárbara sólo cuando truena y escandalizarse sólo porque los medios recogen enfrentamientos violentos no es suficiente para controlar unas batallas que si no se vigilan permanentemente pueden llevar a nuestro fútbol a un escenario de enfrentamiento que puede generar hechos que luego lamentaremos. El fútbol reúne cada fin de semana, ahora ya casi todos los días, a tantas personas como para que se haya convertido en un escenario adecuado para que los violentos campen a sus anchas e intimiden a rivales si no se está alerta para controlarlo. Pero siempre y no después de que ya no haya remedio.

 

 




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