El lado terrorífico del remo (Por Alex García Zubiri, “Bombero”)

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No, no todo en el remo me gusta. Esta semana ha tocado prueba de ergómetro, mi gran enemigo que me mira desafiante, con esos números que no paran de bailar, me enciende… Para apagarme esta vez acudo a mi compañero de equipo “Bombero” para que nos explique de qué se trata todo esto.

Para todo aquel que no haya remado nunca y toda la experiencia en torno a nuestro deporte se reduzca a ver barquitos flotando en verano y a cosas de Korta, esto que os voy a contar y que hemos sufrido este lunes, os sonará un poco a chino: Las pruebas de ergómetro…

El ergómetro es esa maquinita del gimnasio que parece que sirve para remar y cada persona que ves allí la utiliza de manera diferente según le venga el día. Pues para nosotros esa maquinita acapara en estas fechas alrededor de la mitad de los entrenamientos semanales y en consecuencia, debemos tener unas intensidades en watios (el ergómetro funciona en watios entre otras cosas) y pulsaciones personalizadas. Para fijar esas intensidades todo remero tiene que pasar por un trámite que raramente es de buen gusto, las mencionadas pruebas.

Estas consisten en una prueba progresiva en la cual empiezas a una intensidad realmente baja durante tres minutos y nada más terminar, con un medidor de lactatos, se te mide este valor en sangre por medio de un pinchacito previo en la oreja (en esencia, los lactatos son el nivel de cansancio en sangre), acto seguido descansas durante treinta segundos o dos minutos dependiendo del preparador que tengas.

Este proceso de tres remando y x de descanso se repite cada vez a mayor intensidad hasta que después de un tiempo, que se te hace eterno, pero que realmente han sido alrededor de dieciocho minutos remando, estás listo para pasar a mejor vida, dicho de otro modo, estas reventado y lo único que te apetece en ese momento es salir corriendo de allí lo mas rápido posible y sin mirar atrás, pero en un alarde de maldad infinita y una falta de empatía sociopática, el preparador te dice que tienes que remar otros tres minutos más. Bueno, describiré la sensación de después de terminar estos tres minutos igual que la anterior, pero solo que en vez de salir corriendo de ahí, lo máximo que puede hacer tu cuerpo es arrastrarse como una babosa.

Dicho todo esto, el máximo consuelo a la hora de hacer esta prueba, es que por mucho que te puedas cansar, nunca nadie se ha muerto por hacerla, aunque a veces pueda parecerlo debido a la pinta de cadáver que se te puede quedar al terminarla.

Y a costa de parecer un poco masoquista, nos faltan 10 semanas para la liga y seguimos teniendo ganas de darle duro.

 

Foto: Donostiarra Arraun Elkartea, momento de medición del lactato.




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