En pretemporada se producen lesiones específicas, rozaduras, tendinitis, esguinces… Por Eduardo Escobar

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Acaba de comenzar una nueva pretemporada y, como marca la tradición, las lesiones propias de la inactividad hacen su aparición. Estamos en ello y son ya varios los jugadores de la Real que se recuperan de diferentes lesiones producidas a la vuelta de la vacaciones. El doctor Eduardo Escobar fue durante muchas temporadas el jefe de los servicios médicos del club y trabajó mucho para evitar las reacciones del cuerpo a la vuelta de los días de asueto. Incorporó al doctor Antxon Gorrotxategi y consiguieron controlar muchas de esas lesiones que tanto molestaban. Hoy, Eduardo nos cuenta algunas de sus experiencias en las pretemporadas y ciertos encontronazos con algún entrenador especial. Este es su relato.

La pretemporada (Por el doctor Eduardo Escobar)

Hace muy poco tiempo los jugadores terminaban una temporada muy exigente, sin fines de semana, sin escapadas de Navidad o Semana Santa, con los fines de semana ocupados por entrenamientos y partidos en casa o fuera y ya estamos en pretemporada. Es un paso muy brusco: apenas sin tiempo para recuperarse física y mentalmente, sobre todo mentalmente, empiezan duros entrenamientos de mañana y tarde, casi siempre en ambiente de calor agobiante.

Muchos jugadores no llegan a completar sus vacaciones. Prefieren volver a Zubieta antes de fecha para estar algo rodados y no sufrir tanto el plan de doble jornada. Se puede decir que las instalaciones no cierran nunca.

Es un tiempo de lesiones específicas, de rozaduras por el nuevo calzado o porque los pies han perdido defensas por inactividad. Se producen lesiones musculares, roturas fibrilares, algunas tendinitis, esguinces… Y existe mayor peligro del habitual para lesiones atemporales.

Recuerdo casos dolorosos de lesiones graves con rotura de ligamento cruzado anterior y menisco o lesiones que no eran aparentemente tan graves, como una tendinosis de Aquiles, que acababan en una intervención quirúrgica. Un año, como ya he comentado en algún artículo anterior a éste, me encontré con tres casos de lesión del tendón de Aquiles por el uso de chancletas en vacaciones a pesar de lo pesado que me ponía con el asunto. Todo el mundo recordará los quebraderos de cabeza que conllevó la lesión de Kovacevic, que en este caso no estaba relacionada con el uso del calzado, con dos intervenciones muy serias.

Con los años y la experiencia acumulada me empeñé en la mejora de nuestros servicios con la incorporación del fisiólogo y del equipo de podólogos. El primero gracias a la ayuda y el apoyo de preparadores y entrenadores como Julen Masach o Jabo Irureta y a la comprensión de un Consejo que acababa por aceptar las peticiones justificadas. Conseguimos una buena atención de las rozaduras, las temidas ampollas de pretemporada, los hematomas por debajo de las uñas, la corrección del apoyo plantar y todas las lesiones directamente relacionadas con una herramienta tan importante para el futbolista como sus pies.

Antxon Gorrotxategi vino a compensar mis carencias en el área de Fisiología y sus métodos supusieron una auténtica revolución. Tanto que en su primer desplazamiento con el equipo estuvimos a punto de sufrir un plante de jugadores que no querían padecer las inconveniencias de algunos tests como la medición de lactatos. Suponían un esfuerzo con pruebas físicas en campo de atletismo, carreras intermitentes y toma de muestras de sangre con una punción en el lóbulo de la oreja. Ahora nos parece mentira pero hubo una época en la que muchos jugadores no solo pasaban de controles médicos; es que eran totalmente contrarios.

Estábamos en Holanda en un enclave que es histórico para la Real porque lo utilizamos en varias pretemporadas: el hotel De Branding en Doorwerth, cerca de Arnhem. Recorrí una por una las habitaciones pidiendo colaboración a los jugadores y evitando un desastre como el que se adivinaba para el día siguiente. Afortunadamente las relaciones con los jugadores eran muy buenas y la gente en nuestro equipo siempre se ha caracterizado por su generosidad y comprensión. Cedieron los más reacios y se realizaron las pruebas aunque el reparto de los jugadores que médicos y fisios debíamos pinchar fue muy estudiado. Iñaki Anza, que por más veterano tenía mejor relación con ellos, fue el encargado de perforar su oreja.

Tenemos recuerdos imborrables de aquellas pretemporadas. Superadas las primeras semanas de entrenos en Zubieta nos aislábamos en Holanda en una concentración muy familiar, con unas instalaciones estupendas. No era un hotel de lujo pero se adaptaba muy bien a nuestras necesidades. Teníamos salas de masaje, almacén y reuniones. Nos desplazábamos en bici hasta los campos de pulcro césped y cuando los jugadores se iban a dormir, quedábamos cuerpo técnico, médicos, masajistas y consejeros desplazados en un momento mágico de tertulia en la terraza bajo el cielo nocturno de verano.

Antxon y yo organizamos un campeonato de mus con los jugadores y la dirección del hotel nos dejó una habitación donde se desarrollaban partidas a muerte en las que permitíamos algunas licencias, como una cerveza por jugador. Para una mentalidad germánica como la de Bern Krauss, que resultó mucho más flexible cuando después le conocimos, no era concebible que un jugador probara una gota de alcohol. Lo contrario que para un entrenador británico como Toshack que autorizaba e incentivaba alguna escapada para relajar tensiones y crear ambiente de equipo. Una noche salía Miguel, uno de los utileros, de la habitación de la timba con una bandeja llena de vasos y botellines y se topó de frente con Krauss que miró para otro lado.

Cada día tenía su ritual. Tras el desayuno y preparación de la jornada salíamos con las bicis al campo. En un lateral preparábamos las bebidas de recuperación en una gran nevera circular mezclando las sales minerales, el agua y complejos vitamínicos. Parecía una escena de Astérix y la marmita de Panoramix. El entrenamiento se repetía por la tarde y antes de cenar se organizaba una reunión en torno a las mesas de masaje.

Cada temporada tenía su cuota de partidos amistosos, los primeros fuera de casa, en los que llegamos a enfrentarnos con la flor y nata del fútbol holandés, además de algunos equipos de menor entidad que sirvieron de sparrings. Por la proximidad con Alemania también nos desplazamos a Düsseldorf. En todas aquellas temporadas tuve ocasión de visitar campos británicos, portugueses, alemanes, italianos, austríacos, franceses… y ser testigo en el banquillo de enfrentamientos con equipos históricos (Newcastle, Sporting de Lisboa, Girondins, Oudinense, PSV, etc.)

Recordaba cuando siendo niño vi mi primer partido de fútbol en televisión, el homenaje a Sir Stanley Mathews con entrega de trofeos por la duquesa de Kent en representación de la reina Isabel. En mi primera pretemporada, la de gira por Inglaterra, Portugal y torneo en Salamanca, al terminar un partido contra el Middlesborough, me presentaron a sir Stanley en el pub del club donde se reunían jugadores y técnicos para despedirse con unas pintas de cerveza. Fue una de esas cosas emocionantes que se guardan para siempre como un tesoro de tiempos que a veces nos hacían sufrir, pero también disfrutar.

En aquella primera pretemporada viajábamos en bus por las autopistas inglesas y por una vez se autorizó a la prensa desplazada, para la que hubiera resultado muy difícil hacerlo de otra manera, viajar con el equipo. Los periodistas eran Kike Marín, que entonces trabajaba para Marca, Fernando Becerril del Diario Vasco y Manu De la Puente. Tuvimos un viaje accidentado con Meho Kodro, que lo pasó horriblemente mal debido a una muela mal empastada. Visitamos varios dentistas en Inglaterra hasta que en Lisboa decidimos extraerle la pieza y se acabó el problema. En todo el viaje, el más largo que recuerdo con la Real, solo hubo un lesionado: el médico. Quería hacer algo de ejercicio y me dediqué a correr por las mañanas. En la jornada de tarde iba por un balón perdido y me dio un tirón en el gemelo que hizo retorcerse de risa a toda la expedición, menos a mí.

Vinieron otras pretemporadas y otros viajes, estancias en Holanda y Austria, una accidentada y calurosa estancia en Estambul que contravenía todas las normas para elegir un lugar tranquilo y fresco de entrenamiento en verano, pero me perdí las últimas para quedarme de guardia en Donosti y realizar los reconocimientos previos a fichajes de verano. Fue una decisión que tomamos después del fichaje de un jugador belga al que yo no reconocí porque disfrutaba de mis vacaciones reglamentarias. Vino lesionado y nunca llegó a jugar un partido oficial. Si la responsabilidad del reconocimiento debía ser mía, justo era que lo realizara yo, y cambiamos el sistema. Me quedaba en Zubieta todo el verano y tomaba dos semanas de vacaciones al comienzo de la Liga.

Uno de mis peores recuerdos de aquella época fue la temporada que comenzó con un partido Real-Athletic que perdimos en casa de goleada. La víspera publicaba el Diario una entrevista con Toshack en la que me ponía fino. Entré en el vestuario con el periódico bajo el brazo e hice un gesto a Salva Iriarte y Roberto Lopez-Ufarte para que me dejaran a solas con el entrenador. Le dije que aquello no era de gentlemen y se armó una trifulca tremenda. Me gritaba pero yo respondía con la misma amplitud de decibelios. Salí de vacaciones y a mi vuelta fui citado en Anoeta porque el entrenador había pedido mi despido. Acabé en casa de Toshack, que no se podía desplazar porque retransmitía un partido desde su casa en Zarauz para una televisión inglesa. No tuve oportunidad de hablar en mi defensa porque todo lo dijo él. Propuso que desde ese momento olvidáramos roces pasados y compartiéramos alegrías y tristezas del banquillo. Nunca más tuvimos un enfrentamiento.

En aquellas dos semanas acepté la invitación de un amigo que me dejaba su apartamento en Isla Antilla. El plan era estar una semana en la playa y otra en Nueva York. Mi amigo pidió que cambiáramos el orden del viaje. Fuimos primero a Nueva York. Al día siguiente a nuestra vuelta, comiendo en un restaurante cerca de Jabugo, recibí la llamada de mi amigo para que pusiera la tele. En la pantalla instalada en el bar junto al comedor pude ver la convulsión en la ciudad que acababa de visitar. Una torre ardía y poco después un avión impactaba contra su gemela.




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