Garitano encuentra problemas para imponer sus principios y algunas de sus decisiones generan debate ante la falta de resultados

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PUBLICADO EN MUNDO DEPORTIVO GIPUZKOA

Otoño caliente

No termino de pillarle el truco a esta Real. Es verdad que solo han pasado siete jornadas, algo así como la sexta parte de lo que es la Liga y que aún están por llegar los mejores momentos, o al menos eso es lo que esperamos y todavía sigue ese proceso de aclimatación con los nuevos rectores. Decir que el equipo de Olabe/Garitano merece más puntos de los ocho que lleva también me parece un brindis al sol porque por ejemplo a nadie le hubiera extrañado que en Huesca, tal y como fue aquello no hubieran vuelto con los tres puntos. Y ante el Rayo, empate y gracias, porque el partido entró en una fase de descontrol que lo mismo pudo decantarse para un lado como para el otro. Con el Valencia tal vez un empate se ajustaba al pobre partido de los dos.

Asier Garitano está tratando de buscar el mejor rendimiento de su plantilla, pero es verdad que pasan cosas por una parte previsible en el fútbol, pero todas juntas quizás generan exceso handicap para el equipo. Hablo de lesiones y hasta de expulsiones, que para haber pasado solo siete jornadas han sido demasiadas. No obstante, tampoco parecía difícil imaginar que después de tanta ausencia como las que se sumaron desde la pasada temporada y con tan pocas incorporaciones, algo así podía pasar.

 

La Real ha fichado únicamente a Mikel Merino, que ya puede jugar después de unas molestias que lo tuvieron en el dique seco y allí vuelve. Y la verdad es que sus primeras prestaciones prometen, aunque su lado físico parece aún en proceso de mejora. Pero al menos hace cosas que incluso sorprenden, por su habilidad técnica que pueden ser puntos al final del campeonato. Ante el Rayo lo intentó y aún a pesar de ser el mejor del equipo tampoco pudo ser todo lo efectivo que hubiera querido. Y el sábado solo estuvo un cuarto de hora antes de caer lesionado. Las otras dos incorporaciones son cesiones de una temporada que llegaron con vitola de urgencia porque de lo contrario no se entendería traerlos sin posibilidad de garantizar su continuidad en el club más allá de una temporada. Además, Sandro, del que ya advertían su propensión a problemas musculares, se lesionó a las primeras de cambio y Theo no ha mejorado las prestaciones del lateral izquierdo y, además, se olvidó que no está en el Real Madrid donde acciones como la suya en Huesca quizás pasan desapercibidas pero en la Real se miden de la forma exagerada que lo ha hecho un Comité de competición, excesivo en la sanción.

Así, el entrenador tiene complicado su plan, sobre todo porque en medio de ese panorama ha querido sentar principios muy concretos entre los que llevar al banquillo a Asier Illarramendi ha sido un golpe de autoridad que ha creído necesario. Ha sido muy explícito Garitano al asegurar que no le vale el lucimiento de un partido para garantizar jugar el siguiente sino que alinea a los que entrenan mejor y, por lo que se ve, ahí tiene déficit el capitán que fue suplente en los dos últimos partidos.

A todo eso, que no es poco, hay que añadir el problema de la portería con el que no se contaba, sobre todo porque si Rulli es bueno según los técnicos de la Real, Moyá no lo es menos y hay recambio. Esa protección que en este caso aplicaba con rotundidad el entrenador, había generado un ruido ambiental que para nada beneficiaba el momento complicado por el que pasa el equipo en los partidos. En ese sanedrín que se ha montado en Zubieta con tanto especialista valoraron el cambio y lo aplicaron. Garitano intenta mantener sus principios, aunque desde el exterior se le somete a un gran presión por determinadas decisiones que al no rematar con buenos resultados abren los debates. Es muy posible que el bergaratarra tenga argumentos sólidos que justifiquen los motivos de su actuación, porque así como así no se va a tirar piedras contra su tejado y mucho menos contra el club. Pónganse las pilas y aunque sea con escasez evidente en el fondo de armario, y eso no solo es responsabilidad del entrenador, habrá que ilusionar porque tener que asumir que estamos en una temporada de transición es una excusa con la que la afición no contaba.

La crítica en el fútbol es ley

Actúes de una u otra forma la crítica parece inevitable, debe pensar Asier Garitano cuando hasta hace poco se le achacaban sus silencios y ahora que transmite a la afición sus pensamientos más íntimos sobre el comportamiento de alguno de sus jugadores, también recibe palos. Pero lo que pretende el entrenador es dejar bien claro que no hay nadie con bula en su equipo por muy alta que sean las torres y que así va a conseguir darles el toque de atención que es muy probable que se lo haya dado antes en el vestuario y sintiera la necesidad de explicarlo en público. El caso de Illarramendi ha sido el más llamativo, aunque el propio Garitano advierte que se trata de un jugador clave para el juego del equipo y será de los que más juegue, pero tal vez este ejemplo marca principios para el resto. Garitano va a tener que pensar a conciencia las decisiones a tomar. Lo que se le pide es que el equipo gane.




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