Jaime Caballero, el nadador incansable

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Jaime Caballero es un deportista lanzado a la aventura, a las grandes travesías de natación con las que colabora para causas benéficas que permiten, entre otras, favorecer por ejemplo la investigación de la enfermedad de ELA, con la que se siente tan involucrado. Le conocemos un poco más.

 

– ¿A qué dedica su vida deportiva?

-La definición podría ser una mezcla de deporte, aventura y con un fin solidario, por decirlo de alguna forma.

– ¿Cómo le nació esta iniciativa?

– La natación me gustó desde pequeño, la practicaba en el antiguo Tenis de Donostia, con piscina de agua salada… Nadaba ahí y a los catorce años dejé de nadar por otras cosas que te interesan más… Básicamente salir, farras… A los veinticuatro dejé de fumar y pensé que tenía que hacer deporte y como la natación era el que había hecho, volví a ella, con travesías populares, entrenar por mi cuenta, un poco más cada día hasta que en el 2005 se me ocurrió cruzar a nado el estrecho de Gibraltar y pensé que eso era la mío.

– ¿No le han llamado loco?

No. La natación me aporta mucho y lo hago porque me gusta, no tengo que dar más explicaciones. Sé que con esto ayudo a mucha gente y en eso sigo.

– ¿Marcado por medusas?

– Mi aventura más dura fue cuando dí la vuelta a Ibiza, siendo pasto de las medusas, llegue marcado por ellas. Salía y llegaba al mismo punto, en Playa Dembosa, algo que nadie había hecho antes, realmente muy duro. Lo hice en tres etapas, la primera de unas nueve horas y media hora, en la segunda, la más larga fue de sol a sol, porque vimos amanecer y también la puesta de sol, muy bonito…y la tercera etapa iban a ser ocho horas y al final fueron doce…

– ¿Me quiere decir que disfrutaba de las vistas mientras nadaba?

Hombre, lo ves cuando entras al mar y cuando sales, lo demás sólo veía medusas, que era lo que no quería ver. Las medusas no sé si me perseguían, pero por lo menos se anuncian, porque antes de encontrarte con un banco de medusas, que los había por todos lo cabos y puntas que pasaba, empiezas a ver una, luego otra, otras dos y dices ya están aquí… Por eso digo que se anuncian, pero al llegar al banco de las medusas esa como meterte en un laberinto sin salida… Es lo peor.

– También suelen venir por aquí…

– Sí, la picadura de una medusa es dolorosa… Lo crítico de esa travesía en Ibiza fueron las medusas y también el viento, el mar tampoco nos ayudo mucho… Tengo que agradecer a Iñaki Arratibel, que era el médico que me acompañaba, porque le tuve al lado y le decía que me iban picando y pensaba que me iba a dar un shock anafiláctico, que no sé ni lo que es, pero los médicos lo llaman así… Iñaki me decía si me dolía y le decía que si y me tranquilizó diciendo que so no me había dado el shock no me iba a dar aunque me picaran un millón más, así que aunque con dolor, tenía que tirar para adelante.

– Decía lo de locura, porque en esas condiciones más de treinta y cuatro horas nadando…

Efectivamente. En línea recta son 120 kilómetros, pero en el gps que llevo en la muñeca, entre para y arranca marcó 127 kilómetros, un poquito más…

– Y nada más acabar semejante aventura se abrazó a Fran Otero…

Pues si. Es mi referente en todo en la vida, sobre todo en lo que es lucha y sacrificio. Los afectados de ELA (esclerosis lateral amiotrófica) son mi prioridad y en especial Fran que lleva veinte años y es una pasada poder ayudarles de alguna manera.

– Entiendo que pensar en ellos le daba fuerzas para no arrojar la toalla en mitad de la travesía…

– Desde luego. Además del médico al que he citado, tengo que agradecer al equipo que  me acompañado para que no desfalleciera, Chapete, que capitaneó la excursión, Aarón Sánchez, Ander Vilariño, Juanjo Serra, Andrés Azpilikueta, Ginés Paredes…Nunca habíamos visto tantas medusas, yo era como un plato de lentejas y me veía de intruso entre ellas, gritaba que no podía más, a punto de abandonar y me repetían desde el barco, que aguantara el dolor, que me acordara de los afectados de la enfermedad, que era por ellos… Ander me dijo acuérdate de Fran… y eso fue lo que me animó a seguir. Por eso le di un gran abrazo al llegar… Al llegar a la meta buscaba a ellos y a sus familias, era un éxito de todos.

– ¿Cuándo se fija en la ELA?

En 2008, a mi tío José Mari Etxeberria le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, que hasta ese momento nunca había oído hablar de ella… Ves la crueldad directamente y pensé que tenía que dar un giro de 180 grados a mis travesías, que hasta ese momento las hacía simplemente por placer mío y formamos una plataforma, la asociación Siempre Adelante y estamos muy contentos con los resultados.

Foto Jaime Caballero




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