La Real no dio la talla en San Petersburgo y puso en bandeja el partido al Zenit

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PUBLICADO HOY EN MUNDO DEPORTIVO GIPUZKOA

La Real perdió ante el Zenit por errores propios y porque tener la posesión no garantiza nada sin efectividad

 

 

Al recibir al Rosenborg el estado de ánimo de la Real pueden imaginar cómo era, después de tres triunfos seguidos en el arranque de la Liga, nueve puntos de nueve y euforia por todo lo alto. El deporte, no sólo el fútbol, es como es y los diagnósticos son cambiantes en función de los resultados, la fiebre sube y baja y con ese panorama, ayer tocaba darlo todo en el escenario más complicado de los que ofrece esta fase de grupos de la Europa League. Todo ello agravado con una sensación mediática de incertidumbre, porque el cuerpo no era el mismo que el de hace quince días en el debut en esta competición.
Las tres derrotas en una semana frente al Madrid, el Levante y el Valencia cambiaron el sentido de la veleta justo al lado contrario, porque en eso sí que el fútbol tiene signos marcados, no hay término medio, o somos los mejores o estamos en plena crisis. Así nos movemos, los primeros los que juegan, porque hay que insistir en que la psicología dice mucho y seguro que en las mentes de los realistas estaban ayer los miedos del necesario cambio de dinámica que ha revertido en negativo, después de tocar el cielo de la clasificación hace bien poco tiempo.

Con todo ello, la Real se tenía que hacer grande en San Petersburgo y ante un rival que encabeza la Liga rusa, que será mejor o peor que la española, pero que tiene su nivel. El Zenit tiene además buena trayectoria europea, una experiencia que no asiste a todos los que forman el plantel realista, sobre todo ayer con tantos cambios en el equipo de Eusebio. Se trazaba el choque sobre arenas movedizas y la expectación superaba cualquier otra circunstancia, pasó casi desapercibido que será el Lleida el primer rival de esta temporada en la Copa. El 25 de octubre en que se jugará la ida en terreno catalán queda lejos y más aún la vuelta del 29 de noviembre en Anoeta. Solo importaba un triunfo de prestigio en el ruidoso estadio Krestovski, con un aforo el doble que el actual de Anoeta, única forma de volver a la buena senda.

Si a las complicaciones propias de la situación se le añaden nuevos condimentos, el resultado puede ser caótico. Y pasó. La Real regaló dos goles al Zenit en el primer cuarto del partido y si todo era difícil, se pueden imaginar que Mancini supo mover los hilos de su equipo a su estilo, catenaccio de rigor, estilo puramente italiano y esperar salidas claras y en cada una de ellas, a temblar, porque ni el esquema defensivo de la Real y tampoco su portero estaban ayer para muchas florituras.

Apostó Eusebio con una alineación inédita, nadie le podrá reprochar que no recurrió a las rotaciones, porque las hizo, muchas, y no le salió nada bien. Pardo, que hacía de Illarramendi, regaló un balón a Rigoni y su remate desde el borde del área sorprendió a Rulli, que andaba por otro lado y le costó situarse. Pero peor aún para el meta el segundo gol ruso, de esos que uno quisiera que se borraran de las videotecas, porque seguro que estará entre los tontos de la temporada. Por no tocar el balón con la mano y ganarse la expulsión, el meta argentino salió del área a un balón largo y el bote le hizo un sombrero que aprovechó Kokori, 2-0 a los 23 minutos.

No estaba todo dicho por la voluntad de la Real de crear juego, pero sus llegadas nunca tuvieron efectividad, tan solo un córner sacado en corto y que Canales bombeó al área lo iba a cabecear con rabia Llorente para volver al partido. El 2-1 y la escandalosa posesión de la Real invitaban a cierto optimismo, aunque el poco acierto arriba y la habitual parsimonia defensiva dejaron vía libre al Zenit para hacer el tercero en otra contra y el 3-1 ya era demasiado. Ni la salida en bloque de Willian José, Juanmi e Illarramendi arreglaron nada, aunque el brasileño estuvo cerca del gol en un cabezazo cruzado, pero ni Juanmi estuvo acertado y menos aún Illarramendi, sin poder entrar en juego en los pocos minutos que quedaban.
La aventura rusa de la Real acabó con una nueva derrota, con la Real más voluntariosa que acertada y un rival que tampoco parecía hacer demasiados méritos, pero que aprovechó primero los regalos realistas y jugó luego a una contra que tuvo en jaque constante a la zaga de la Real. Otros tres goles en contra y eso si que es una ruleta rusa.




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