La turbulenta vida de un deportista de primera (Humor deportivo). Capítulo 9

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Epaaa… ¿Qué tal andamos? Ha sido una semana muy accidentada e intensa. Aquí estoy haciendo de enfermero con mi padre. Se ha roto varias costillas y el pobre está muy jodido.

AMA: Hortz, me voy a hacer la compra, estate pendiente del aita, sobre todo que no fume que se pone a toser y le duele todo el cuerpo. Este se cree que tiene veinte años, todo por un queso, es que… ¡Ay que trabajo me da, señor!

AITA: ¡Amaaaaa! Pásame el mando de la tele y tráeme una cervecita muy fría y ponme un cojín en la espalda… ¡Amaaaaaa!

AMA: ¡Ya voy! Mira Hortz, cualquier día de estos me cojo la maleta y me voy. ¡No aguanto más!

HORTZ: ¡Pobre mi madre! Tiene un aguante… Todo esto viene por culpa del señor alcalde. Pronto son las elecciones y como todo político cuando ven que se van acercando les da por ponerse las pilas. En los dos últimos meses ha habido cambios en el pueblo. Los jardines por fin están llenos de flores, han arreglado los columpios de los críos y han montado un parque con aparatos de gimnasia para los mayores. Ya hemos tenido algún disgusto que otro. Dicen que los niños no ven el peligro, pues los mayores tampoco. ¿Veis normal que uno de los jubilados se monte en el columpio con muletas y todo? ¿Y arrase con todo lo que está cerca a muletazo limpio? Menudos coscorrones se llevaron algunos. U otro que le ha gustado tanto la bici estática que se ha llevado el saco de dormir, el termo, el camping gas y la fiambrera y dice que la bici es suya y que de ahí no se mueve… Y lo peor de todo, el señor alcalde nos ha puesto OTA en un pueblo de cien habitantes, jódete.

Y ahora quiere poner paradas de autobús cuando todavía no hay bus.. Dice que para cuando tengamos. ¡Qué lío Mariloli!

Bueno pues para celebrar todas estas “mejoras”, el señor alcalde organizó una reunión con los poderes fácticos del pueblo, osea el señor párroco, el practicante y la señora maestra y decidieron organizar una carrera de quesos para que pudiera participar todo aquel que quisiera, el premio lógicamente era queso. Pero no como en Inglaterra que ganas un queso, nooo, aquí a lo bestia, queso para todo un año.

Así que nos pusimos en marcha todo el pueblo, algunos en coche, y los más jóvenes andando, con el amaiketako, el porrón de vino y la burra que era la que llevaba los quesos. Todo ello amenizado con el acordeonista del pueblo. Nos dirijimos a San Miguel de Aralar. Allí hay unas campas fantásticas para poder pasar el día. Cuando llegamos arriba, nosotros ya ibamos con el morro caliente, nos daba igual tirarnos de San Miguel que de San Donato y lo que menos nos importaba era el queso, por supuesto. Yo lo que quería era ganar. Todos los participantes cogimos un queso cada uno y nos pusimos en lo alto de una pendiente para que a la señal del pito del alcalde lanzáramos el queso y nosotros detrás. Había gente de todas las edades y constituciones. El señor párroco el primero, ese con tal de comer gratis no se pierde una. Cómo no, mi padre y toda su cuadrilla, la mujer del alcalde que le llaman “la tanqueta”, el practicante y toda mi panda. Lo mejorcito de cada casa.

Cuando sonó el pito del señor alcalde, nos lanzamos como locos detrás de nuestros quesos, Madre mía, qué golpes, arañazos, brazos al aire, piernas, patadas, me adelantó a toda velocidad mi padre, yo agarrándome hasta con las uñas de los pies, el señor párroco pasó volando con su sotana que parecía el conde drácula a punto de hincarle los dientes al queso. La mujer del alcalde osea “ la tanqueta” se puso a gritar como una loca diciendo: “Una rata, una rata”. La rata en cuestión era el peluquín del practicante que en una de sus volteretas se le quedó enganchada en la pechera de la mujer del alcalde. Yo ya había perdido mi queso hacía rato. Solo quería llegar abajo sano y salvo. Esquivé como pude a la gente, pero mi padre se llevó la peor parte. Se le cayó encima “la tanqueta” y fue rodando con ella encima. Y debajo de ellos el queso. Como llegaron los dos a la vez, hubo empate. Y cómo no, al final el que decidió quien era el ganador fue el señor alcalde. Así que ganó su mujer. Los políticos siempre tiran para “su” casa.

ABUELA: ¡Ojala se les suba el colesterol hasta arriba. No le pienso votar, tramposo, si por un queso hace eso, que no habrá sacado con lo de la OTA, las paradas del autobús …este seguro que tiene cuentas en Panamá, y luego dirá que era una herencia de su padre que no tenía más que un terrenico de patatas, cuatro gallinas y un cerdo. ¡Ojala no se le suba el cacharro en mucho tiempo!

HORTZ: Abuela ¿Qué cacharro?

ABUELA: El que tiene entre las piernas, ¿No sabías que si comes mucho queso, eso no sube?

AITA: Abuelaaaaa…. Tráeme unas aceitunicas…

ABUELA: A este sí que le voy a dar una hostia, se está aprovechando de unas costillicas rotas. Para eso tu abuelo era duro y no este blando… ¡Claro! ¡tanto queso, tanto queso….Al final pierden su hombría.

Como veis en este pueblo nadie se aburre. Ahora me voy al polideportivo, tengo clase de zumba con todas las mujeres del pueblo. Ya os contaré … Si me dejan.




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