Los comienzos en el Urumea

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Esta vez contaré cómo empecé en el mundo del remo. Fue una experiencia curiosa que me gustaría compartir. Como se suele decir, los comienzos no son fáciles.

Un día nos juntamos tres amigos y se nos ocurrió la genial idea de empezar a remar. La verdad es que podría haber sido waterpolo, tenis, badminton,… pero el remo se trataba de un deporte que desde pequeño había seguido como aficionado debido a la influencia de mi aita (es Sanjuandarra, y mi aitona en su día fue patrón, no hay más que explicar), así que decidido, a remar!

Qué mejor fecha que Marzo para tomar esta decisión, cuando todos los equipos están rodados y llevan meses entrenando… Nosotros adelante con nuestra decisión, nos plantamos en un club donostiarra con la mochila y listos para entrenar. Imagino que allí alguno pensaría que se trataba de una broma cámara oculta o algo parecido, pero no, íbamos en serio. Nos colocaron donde pudieron, sin que estorbáramos mucho y a entrenar.

Después de unos días de entrenamiento físico llegó el tan deseado primer entrenamiento en el agua. Hacía un muy buen día primaveral y el sol pegaba bastante fuerte en el río, nosotros preparados para la ocasión: uno de mis compañeros con bañador y gafas de sol, os lo podéis imaginar (por cierto, este no lo tengo tan lejos en la trainera hoy en día).

Nos asignaron una yoleta de plástico a cada uno (embarcación individual de banco móvil que se suele utilizar para aprender a remar) y antes de saltar al agua nos dieron varias indicaciones, una de ellas tenía más importancia que el resto: “No vayáis río abajo que luego igual no podéis volver”, importante. Ya estábamos en el agua remando como buenamente podíamos río arriba, parecíamos unos indios que habían soltado con sus canoas.

El río estaba repleto de embarcaciones de todo tipo, de verdad os digo que ni en los Juegos Olímpicos. En seguida nos dimos cuenta que había normas de circulación. Siempre hay que ir por estribor, es decir, por la derecha. Todas las embarcaciones respetaban esta regla y al resto de embarcaciones. Incluso a nosotros, con las pintas que llevábamos. Nuestro cometido: empezar a aprender poco a poco y molestar lo menos posible.

Así empezó todo. Por muy descabellada que parezca una idea (en este caso empezar a remar), si hay ganas y las vibraciones son positivas, adelante! Nunca es fácil adentrarse en un nuevo entorno que no conoces, pero la verdad es que a nosotros nos echaron una mano en la medida que pudieron y es de agradecer. Esta historia continúa en un club pequeño al que decidimos ir después de 3 semanas. En este club nos echaron una mano, la pierna, muchas horas, todo lo que pudieron y más, pero esto os lo contaré en el siguiente post. Desde un club pequeño la perspectiva y las condiciones son diferentes.

Quedan 9 semanas para que empiece la liga.




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