Maider Unda, una campeona en lucha y entrega sin cuartel (Perfil, por Iñaki Igartua)

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MAIDER UNDA Y EL CLUB DE LA LUCHA (POR IÑAKI IGARTUA)

 

 

Hay algo en los movimientos y en el lenguaje corporal de Maider Unda González que denota
armonía. El enorme éxito obtenido en las olimpiadas de Londres 2012; medalla de bronce en
72 kilos, no cambió mucho su vida pese a los intensos días que siguieron tras su éxito, con
entrevistas en toda la prensa escrita, radio y televisión. Movimientos que han estado marcados
por la naturalidad y el dejarse llevar. Quizás, el hecho de no esperar nunca nada de la vida y su
deporte y mantener una actitud proactiva de lucha y entrega sin cuartel, le han llevado a
conseguir sus mejores logros. “Be water my friend” (sé cómo el agua), palabras pronunciadas
por el gran Bruce Lee en su última entrevista antes de su muerte (el 9 de diciembre de 1971),
describen a la perfección la actitud llevada siempre por Maider en total armonía con su
entorno.

Tras años de entrenamiento en el camarote de su casa, donde montó su propio gimnasio, tuvo
la oportunidad de dejar su ambiente y mudarse a la capital madrileña. Durante dos años pasó
mucho tiempo entrenando en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, pero al ver que no se
sentía realizada decidió volver a su caserío para continuar trabajando en lo que desde siempre
le ha permitido ganarse la vida. Sus palabras “No estoy hecha para dedicarme únicamente a
entrenar” nos acercan a una visión particular de su entorno personal y familiar. El no estar
dispuesta a cambiar su identidad y hábitos por una gloria inmensa pero efímera le confieren
un halo de autenticidad que muchos deportistas desearían tener.

Pese a que en sus inicios a su madre no le gustaba mucho que su hija se dedicase a la lucha (un
par de sustos; fractura de pómulo y volver a casa con la cara rota) algo natural que todas las
madres suscribirían al momento. Pero que con la evolución y los resultados se convirtió en su
más acérrima seguidora. Aunque las lesiones le marcaron, el hecho de poder superarlas
cambió su mentalidad, volviéndose cada vez más fuerte.

Su medalla olímpica debidamente guardada en una cajita para así transportar y enseñarla más
fácil representa todo lo bonito del momento vivido y la forma en la que lo compartió. Motivo
de alegría para ella y todo su entorno. Sus ahorros invertidos en la lucha obtuvieron un retorno
gracias a la beca recibida por ser medallista; hecho este que le hizo sentirse una privilegiada.
Ser una deportista de élite aunque se trate de un deporte minoritario no está al alcance de
cualquiera.

En verano de 2014 nació su primera hija, Iraide. Quien se convirtió en el centro de su vida
además de suponer una motivación extra para Maider Unda para seguir trabajando y volver a
entrenarse con la mente en la clasificación para los juegos olímpicos de Rio 2016. Hecho que
no fue posible ya que, en el segundo preolímpico Mundial, celebrado en Estambul, no pudo
clasificarse al ser eliminada por la rusa Ekaterina Bukina por un contundente 10-0.

Una vez más, el mérito de Maider por intentarlo engrandeció su trayectoria. Pero, tras la
eliminación llegó el momento de tomar una de las decisiones más difíciles de su vida; la de
abandonar el deporte del que se enamoró a los 9 años. Siendo consciente de que el día tenía
que llegar y tras meditarlo anunció en rueda de prensa que la lucha como deporte había
terminado, pero que una nueva etapa comenzaba. La lucha en y por la vida. En su emocionada
despedida agradeció a su entrenador Luís por su apoyo y sobre todo por haberla respetado en
todas las decisiones que tomó. Dejando claro lo privilegiada que había sido por toda su
trayectoria y lo bonito del camino seguido.

Actualmente, regenta junto con su hermana en Olaeta, una aldea de Vitoria de más de 100
habitantes, una empresa que se dedica a la producción de quesos. Se levanta a las seis de la
mañana para hacer los quesos que más tarde venden en el mercado y que sirven para seguir
luchando por un futuro digno. Un futuro donde ante todo intenta ser feliz ya que de esta
manera hace feliz a su entorno. Vive enamorada de la vida, del día a día y de todo lo que le
rodea, algo primordial que ha aprendido con el paso del tiempo.

En su lucha, no se olvida de las mujeres de quien dijo en una entrevista: “Está claro que las
mujeres nos situamos donde estamos a base de trabajo, nadie nos ha regalado nada. Creo que
las mujeres le tenemos menos miedo, sobre todo ahora, a ser protagonistas de nuestras
propias vidas, a poder decidir lo que queremos, a tomar decisiones sin pensar que estamos
menos cualificadas que un hombre”. Por eso, sus pasos y movimientos ofrecen la fuerza de
quien quiere ser protagonista. Sus decisiones y experiencias son el mejor ejemplo para quienes
entendemos que la vida bien merece ser luchada.




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