Mi primera Media Maratón

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Este pasado fin de semana era uno de los marcados en rojo en el calendario. El sábado se celebraba la Media Maratón de Azkoitia-Azpeitia y el domingo la Media Maratón de Donostia. La razón de que coincidieran las dos el mismo fin de semana es algo digno de otro artículo, pero dejando polémicas a un lado la pregunta era: ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? Y como no podía decidirme por ninguno de los dos… ¡Elegí hacer las dos! Pensé en hacer la media de Azkoitia y la carrera de 10 kilómetros de Donostia. Pero hoy me centraré en contaros la pérdida de mi virginidad en la distancia de Media Maratón.

La media de Azkoitia sería la primera media maratón que apuntaría en mi casillero. Aunque en mi interior sabía de sobra que estaba preparado para afrontar este reto, había un pequeño “Pepito grillo” que me preguntaba: ¿No son demasiados kilómetros? ¿Tus piernas están preparadas para tanto kilómetro? ¿Y tu cabeza? ¿Qué ritmo vas a llevar?¿ QUIÉN TE MANDA A TI METERTE EN ESTOS BERENJENALES CON LO AGUSTITO QUE ESTABAS EN TUS CARRERAS DE 10KM? Y a uno como le gusta ser un poquito “amarrategi” piensa: ¿Y si cojo y voy con mi amigo Gari y así le ayudo haciendo de liebre? Que al final me va a ayudar mas él en mi primera media maratón que yo a él, pero bueno…

Llega el ansiado día. Me despierto, levanto la persiana con energía y… ¡Bienvenido a Mordor! Lluvia como si Noé fuera a aparecer con el arca de un momento a otro, viento que podría hacer realidad la secuencia de la película de Mary Poppins y no sé si por que mi mente me estaba jugando una mala pasada pero tenía más frío que Leonardo Dicaprio en la tabla de Titanic. Aun y todo mente positiva y a afrontar el día, que hoy toca carrera y de las gordas. Después de comer a una hora prudencial, algo que me parece muy importante, descansé un poquito, lo que pude entre viaje y viaje al baño. Como el reloj no avanzaba y lo único que hacía en casa era volver loca a mi mujer… Tuvo una magnífica idea y me la propuso: ¿Y si en vez de estar por casa de lado a lado, poniéndome cardíaca aprovechas el tiempo en ir a Azpeitia y aparcar cerca de la meta? Y entre que me pareció una buena idea y una indirecta bastante directa… Cogí el coche y me fui. Eso sí, ¡Porque yo quise eh! No porque ella me echara…

Allí estaba yo, coche aparcado, dorsal en su sitio y las tres de la tarde sin dar habiendo quedado a las cuatro. Como hacía ese tiempo paradisíaco que suele hacer en mordor me refugié en la parada del transporte público esperando al autobús lanzadera que me llevaría a Azpeitia. Empezó a llegar gente y todos preguntaban lo mismo: ¿Es aquí donde se coge el bus para ir a la carrera? Y yo con la experiencia y certeza de un veterano corredor les respondía con un claro SÍ. Pasó de largo un bus, otro bus… La gente ya empezó a mirarme un poco raro y dije tirando de galones: Se estará llenando en la primera parada y por eso no paran, estar tranquilos. Justo terminar la frase y aparece un bus que pone el intermitente, me vengo arriba y suelto el mítico: Ya os lo decía yo… Pero el conductor no abría la puerta. En ese momento sale de su asiento, abre la puerta y nos dice que nos hace el favor de llevarnos pero que la parada es más adelante ¡TIERRA TRÁGAME! Bajo la cabeza, camuflo mis coloretes de gusiluz y me meto en el autobús. Qué vergüenza pasé. Eso sí, con la tontería se me había pasado la hora volando. Al final incluso llegue con el tiempo justito.

Nos pusimos a calentar, carrerita para el baño, carrerita a estirar, carrerita para el baño, carrerita para movilidad. Eran las 16:45h y al ser campeonato de Guipuzcoa nos llamaron a la cámara de salida Llegamos al sitio y empezamos a ver entrar a una gente con un nivelón… El que no era keniata, era etíope y el que no era etíope se llamaba: Ander Sagarzazu, Ibon Esparza, Asier Cuevas… Estábamos allí y era tal la diferencia con todos estos figuras que pensábamos que no éramos ni de la misma especie. Empezaron a llamar a cada una de estas estrellas por su nombre y fueron presentándose en meta. Poco a poco nos íbamos quedando solos, y en eso que le comento a Gari: Prepárate que nos toca… Pues va a ser que no, vosotros a la parte de atrás. Fue bonito mientras duró…

Todos colocados en meta, preparados, listos…¡YA! Comienza la carrera y salgo como un rayo. Al poco recuerdo que iba acompañado, miro para atrás y veo a mi amigo mirándome con cara de “vaya liebre que me echado”. Freno la emoción, regulo y me pongo a su par. Pasamos por el kilómetro 5, tenemos que ir a 4:45 el km y estamos justo en el pelotón de la liebre de 1 hora 40 minutos, todo va genial. Llegamos al kilómetro 9, veo a mi amigo Lander y me da un chute de energía, me vengo arriba y empiezo a saltar a saludarle como si no lo hubiera visto en años, cuando hacía 2 horas escasas había estado hablando con él. Kilómetro 11, nos empezamos a agobiar por ir con tanta gente alrededor y como vemos que vamos bien de fuerzas decidimos subir el ritmo y dejar atrás al pelotón. Poquito a poco comenzamos a adelantar a gente y en una de estas adelantamos al mismísimo ¡SPIDERMAN! La verdad que dicen que la televisión engorda, pero en esta ocasión creo que vi al súper héroe de mi niñez un tanto desmejorado, pero para mi tiene un mérito increíble hacer una media maratón con esa careta puesta y alegrar a los demás aunque sea unos metros la carrera. Dejamos el kilómetro 15 atrás, las fuerzas empiezan a flaquear un poco y el silencio se apodera de la marcha. En ese preciso momento… ¡Un hombre con sandalias nos adelanta de una manera que casi nos quita las pegatinas! No me lo podía creer, me froté los ojos y sí, era verdad, iba en sandalias a un ritmo impresionante. Fue increíble ver al segundo héroe de esa tarde, porque no todos los héroes llevan capa o disfraz. Me quité el sombrero y se lo hice saber con un pequeño grito: ¡Ole tus hue…piiiiiiiiiiiii! Kilómetro 18, ya no queda nada, llego bastante fresco a la recta final de carrera gozando como un enano, pero miro a mi derecha y veo a mi amigo Gari con la cara algo desencajada. Me puse el mono de trabajo, me puse delante de él y empecé a tirar. Eran tres kilómetros escasos lo que quedaban, cada vez teníamos la liebre que habíamos dejado atrás más cerca. Y en el kilómetro 20 nos pasa. Gari ya estaba bastante justito de fuerzas. Pero yo como su fiel escudero no le iba a dejar tirado. Me puse mi traje de Sancho Panza y empecé a gritarle y animarle a mi Don Quijote. Le dije tantas cosas que viendo ya la meta no pude resistirme:¡Tira estos últimos metros como si no hubiera un mañana! Y con esa frase por fin cruzamos la meta y logramos dar un mordisco a esa merecida medalla que nos dejó un buen sabor a trabajo completado y a una experiencia inolvidable.

Al final conseguimos el objetivo que era bajar de 1:40:25. Podríamos haber conseguido un tiempo algo mejor, pero creo que elegí la mejor opción para mi primera Media Maratón. En pocas carreras me lo he pasado tan bien y siempre me quedará el recuerdo de haber sido el fiel escudero de mi Don Quijote y haber podido luchar con él codo con codo contra nuestros molinos que en esta ocasión fueron 21 magníficos kilómetros.




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