¿QUÉ PASA CON LOS MÉDICOS EN EL FÚTBOL? Por el doctor Eduardo Escobar

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La medicina en el deporte es un bien muy necesario, la especialidad manda para la recuperación más rápida de los profesionales que necesitan estar cuanto antes a disposición de sus clubes para volver a ser alineados. Pero hay lesiones que resultan del todo enigmáticas y que tienen parado a jugadores que en teoría deberían haber recuperado sus dolencias. Hemos querido que el doctor Eduardo Escobar, experto en la materia y durante muchos años jefe de los servicios médicos de la Real Sociedad, que nos explique un poco más cómo funciona esa relación médico paciente cuando está de por medio una lesión y las necesidades que debería tener cubiertas el club para recuperar a sus futbolistas lesionados

POR EL DOCTOR EDUARDO ESCOBAR

 

Hace ya mucho tiempo que me ronda la pregunta y las ganas de escribir algo sobre este asunto. Hemos pasado en los últimos años de unos servicios médicos de club, de casi todos los clubs de primera y muchos de otras categorías, en los que primaba la presencia de especialistas en Traumatología que aparecían en la prensa y cuyas caras conocíamos, a otros en los que el servicio médico es una especie fantasmal sin voz ni rostro y, por tanto, sin responsable público directo.

En un rápido vistazo hacia atrás recordamos que los médicos que asistían a todo tipo de deportistas eran traumatólogos. Eran los más próximos por ser los que atendían lesiones. No existía una verdadera especialidad médica en el deporte.

Llegó la época de la tecnificación, de los entrenadores cualificados y titulados, de los profesores de Educación Física salidos de la Universidad y, también, de los especialistas en Medicina del Deporte.

Me tocó vivir toda la transición. Cuando llegué a la Real el jefe del servicio era un traumatólogo como yo, el recordado Dr Echavarren, que ya se había jubilado en el ejercicio de la profesión en su actividad pública y privada pero continuaba en la Real. Llegué como su relevo y eso tuvo un pequeño coste personal que fue solventado entre caballeros, como correspondía. A sus órdenes contaba con un médico deportivo que se repartía entre el primer equipo y las categorías inferiores. Cuando llevaba algunos años en la Real, solicité y se me concedió, contratar otro fisiólogo que compartiera conmigo la atención preferente al primer equipo. Era muy necesario: mis conocimientos iniciales de Fisiología se habían ido diluyendo en mi dedicación a la Traumatología y necesitábamos un experto. Lo encontramos en Antxon Gorrotxategi, que no decepcionó la confianza.

Desde luego, y en el terreno estrictamente personal, no decepcionó la mía cuando hubo intentos por sustituir –ya entonces- mi especialidad por la suya. Antxon es una de las personas más leales que he conocido.
Y llegamos a la pregunta tantas veces formulada desde entonces: ¿es necesario un traumatólogo en el servicio médico de un club de fútbol?

En los tiempos que corren no sería fácil dar con la persona que cumpliera los requisitos del perfil, que a mi entender debieran ser:
-Especialista bien formado, con sistema MIR y años de experiencia posterior en un Hospital y, a ser posible, en el ejercicio privado.
-En un rango de edad aproximado entre 35 y 40 años
-Dispuesto a dejar su actividad en la red pública. Si queremos que tenga un mínimo de dedicación, el trabajo y las guardias de un hospital no dejan el margen suficiente.
-Dispuesto a mantener un horario y a viajar
-Supeditado jerárquicamente –casi con toda probabilidad- a la autoridad de un colega de consideración profesional inferior en el ranking de especialidades pero que ya está en el cargo y además dispone de más tiempo.
-Dispuesto a compatibilizar su consulta con la dedicación al fútbol. La consulta debe ser conservada porque un cirujano encerrado en el fútbol deja muy pronto, en unos años, de estar en la onda de la especialidad. Por eso decía en el párrafo anterior que debe compatibilizar las dos actividades.
-Dispuesto a tragar un sapo difícil para un especialista bien formado: en la mayoría de los casos debe renunciar a ser el cirujano del club y dejar que otros colegas sean quienes operen a sus jugadores lesionados. Por muchos motivos, y por muy buen especialista que sea, esto debe ser así. Sería muy largo ahora extenderse en la explicación pertinente.
-Aceptar el salario que se estila para este cometido. Será seguramente un buen sueldo pero, por lo menos en mi época, correspondía aproximadamente a lo que percibía un cirujano en el Hospital de Osakidetza con guardias. Pero la dedicación, los viajes y la responsabilidad serán infinitamente mayores.
-El encargado de seleccionar al nuevo integrante del staff manejará sin duda otros parámetros menos confesables pero que tienen su importancia: aspecto, presencia personal, dotes de comunicación oral y escrita, integración social con el entorno, etc.

Es decir: un perfil no muy fácil de encontrar pero nada que no pudiera conseguir un club de primera con el presupuesto de la Real. Si quieres un especialista de primer nivel dispuesto a renunciar a muchas cosas y acometer otras tantas, debes ser muy atractivo en todos los sentidos. Empezando por el económico, si, pero ofreciendo otros muchos alicientes que los responsables de selección debieran diseñar.

¿Y al Club? ¿Le interesa tener un traumatólogo?

Desde mi punto de vista, SI ROTUNDO. Adaptado, desde luego, a los tiempos que corren. Con un profesional que cumpliera el perfil descrito, podría disponer de alguien a quien recurrir diariamente, que afrontara el problema como propio, que dispusiera de la confianza del club en su conjunto desde jugadores a Consejo pasando por todos los estamentos, QUE SE IMPLICARA, QUE SE MOJARA por los jugadores y por los intereses del club.

Leo con estupefacción que un jugador se rompe el tobillo un viernes y es operado el lunes a medio día. En mi tiempo, puedo asegurarlo, eso no hubiera ocurrido jamás. Y menos que el jugador, aunque sea madrileño y tenga allí a su familia, se quedara ingresado y el médico volviera a Donostia. Ojo que no me meto con el médico, de cuya capacidad profesional y personal tengo referencias inmejorables, sino con la política de club que lo permite.

Puedo hablar de muchos ejemplos, como los de un Dr De Prado que cuando se rompe el quinto meta del pie Xabi Alonso, le llamo para que deje todo en Murcia y venga a operarle aquí. No fue necesario porque estaba en el Costa Vasca acompañando a Finito de Cordoba que toreaba en Illumbe. Se quedó a dormir en mi casa en lugar de salir hacia Bilbao con el torero y le operamos al día siguiente. Probablemente el mejor cirujano del pie del mundo.

O cuando se rompió el antebrazo Xabi Prieto, con una fractura de compromiso, de riesgo quirúrgico y pedí al Dr Goyeneche, especialista de Cirugía de la Mano y Microcirugia, que anulara la consulta de esa tarde –unos veinte citados- para operarle. Lo hizo.

Un traumatólogo tiene mucho más enganche con su especialidad que, pongo por caso, un médico deportivo. Puede descolgar el teléfono y pedir al especialista de mayor prestigio en cada lesión que valore, atienda y si es necesario opere al jugador lesionado de su club. No hablemos del criterio diario para valorar las lesiones en cada sesión, en cada semana, de cara a cada partido.

Me parece acertado que el actual médico del primer equipo sea un rehabilitador. La recuperación es un factor importantísimo en todo el proceso de recuperación del lesionado pero, me pregunto, ¿no podría tener un club como la Real un traumatólogo contratado?

La respuesta, según los responsables del club, debe ser no. De hecho prefieren que para todo tipo de tratamientos que excedan los más sencillos, los jugadores deban desplazarse a otras ciudades. La más cercana, Gasteiz. Y no está mal porque allí vive y trabaja un grandísimo especialista. ¿No habrá ninguno válido en toda Gipuzkoa? Por lo menos, me atrevo a decir, para valorar al jugador hasta que se opere en Gasteiz o en Pittsburg.

Digo lo de Pittsburg porque allí me desplacé acompañando a un jugador para que el Dr Freddy Fu, el más prestigioso en USA y en el mundo, le realizara un trasplante meniscal, técnica que aquí estaba en mantillas. O a Munich para que la Dra Mushawek solucionara algunos casos de osteopatía de pubis, o a Madrid para que el Dr Maceira realizara una artrodesis de pie en un jugador que, a pesar de la complejidad y el resultado de esta lesión para la práctica del fútbol, continuó jugando. O a Murcia con el Dr De Prado, a Barcelona con el Dr Borrell…

La lista es muy larga pero no por eso dejé de acudir a los especialistas de nuestro entorno, de contar con todos ellos, para consultar y para actuar. Y operaron a nuestros jugadores los doctores Achalandabaso, Barnés, Eguino, Goyeneche, Martinez Renovales, Emparanza… O de operarles yo mismo cuando el caso, la insistencia del jugador que me eligió por voluntad propia o la urgencia lo requirieron.
Debe ser mejor librarse de la presencia molesta de un traumatólogo aunque eso suponga desplazamientos, dilaciones infinitas –hasta varios días para que se haga una resonancia y poder llegar así a un diagnóstico de certeza- en la comunicación de los pormenores de una lesión que todo el mundo relacionado con la Real espera con impaciencia. Sobre todo el jugador.

Cuando estaba en la Real, perdón por la referencia personal pero es la que tengo y corresponde, el diagnóstico se daba nada más terminar el partido. En mi trayectoria en el club sufrí muchos casos decepcionantes, en muchos seguramente no actué con la máxima eficacia o me equivoqué, pero jamás dejé de emitir un diagnóstico inmediatamente y, debo aclarar con el análisis ponderado de unos cuantos años después, que mi margen de error en esos diagnósticos fue escasísimo. Es lo que interesaba al club y su entorno, al entrenador y, debo insistir, al jugador.
Eran otros tiempos y las cosas se hacían como entonces sabíamos o nuestros medios permitían. Si ahora tuviera esa responsabilidad –por favor ruego no se me interprete porque jamás volvería- me gustaría contar con un rehabilitador de lujo como el que ahora tiene la Real, con un magnífico equipo de técnicos como los actuales… y con la tranquilidad de no salir a la sala de prensa todas las semanas, que esa es otra porque también había que saber decir las cosas y enfrentarse a la opinión y a la responsabilidad pública.

Podría extenderme sobre otros muchos aspectos de la ventaja de contar con un especialista en Traumatologia y tengo ejemplos para cada uno pero el artículo ya es suficientemente extenso. Solo recordaré uno: después de que el entrenador y hasta el presidente me hicieran la famosa pregunta de si era necesario uno en la Real, me tocó estudiar a fondo el caso Peyremans, enfrentarme a un catedrático de Medicina Legal de Milan traído por la compañía de seguros con la presencia de toda su cúpula directiva –impresionante el barón suizo que ponía a todos firmes- y pasar por dos procesos judiciales, contra los médicos de la mutua de accidentes de trabajo en el primero y contra un servicio de Traumatología de Madrid comandado por un grandísimo especialista y catedrático de la especialidad. En tiempos negros para la Real, mucho en el aspecto económico, conseguimos el abogado Patxi Lopez de Tejada y el que esto escribe una cifra cercana a los mil millones de pesetas –puede ser que ya nos manejáramos en euros pero el contrato con el seguro estaba hecho antes del cambio de moneda y me quedé con ese parámetro- que nos sirvieron para salir de un pozo enorme. Me atrevo a decir porque estoy seguro de ello, que un médico deportivo no lo hubiera conseguido.

Si tuviera la oportunidad, aconsejaría a los responsables de la entidad que se preocuparan por este tema, que buscaran un traumatólogo con el perfil deseado, que lo integraran en el organigrama y que atendieran la necesidad de un especialista cercano, de nuestro entorno profesional y, sobre todo, implicado.




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