Richard Oribe, un grande del deporte

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Sonriente, simpático, siempre agradable, pero sobre todo deportista, así es nuestro campeón. Richard Oribe (Donostia, 1974) es uno de los deportistas con éxito logrado desde los máximos niveles del deporte mundial. Con parálisis cerebral de nacimiento, desde muy niño se dedicó a la natación como terapia y luego la convirtió en un modo de competición que le ha llevado a participar en los juegos paralímpicos de Barcelona, Atlanta, Sidney, Atenas, Pekín y Londres, donde sumó dieciséis medallas, ocho de ellas de oro, además de las seis de plata y dos más de bronce. En sus veintidós años de alta competición ha participado en cinco campeonatos del Mundo, donde obtuvo doce medallas de oro, siete de plata y tres de bronce, otras veintiocho en campeonatos de Europa, además de haber rebajado en cuarenta y ocho ocasiones récords del mundo. Estamos, sin duda, ante una figura del deporte para el que faltan palabras para definir, pero todas ellas grandilocuentes. Es donostiarra y ejerce de tal, seguidor fiel de la Real. Cuando monta en su triciclo por la ciudad tanto como a dar pedales se dedica a saludar a los muchos amigos que se ha granjeado, por ese carácter siempre positivo y alegre.

Entrena sin parar muchas horas al día, todos los días del año, con gran esfuerzo y dedicación por el compromiso que ha adquirido consigo mismo y con sus seguidores de dejar bien alto el pabellón allá donde se eche a la piscina para competir.  Su última competición fue la del europeo de Funchal, donde una lesión en el hombro no le permitió poner el broche de oro que hubiera querido al anunciar que hasta aquí su trayectoria en las grandes citas mundiales.

Tiene multitud de reconocimientos, incluso el título de Ilustrísimo Señor, al que le da derecho por haber recibido la Medalla de Oro al Mérito Deportivo que le entregaron los Reyes de España hace siete años Richard decidió colgar el bañador allí, pero nunca lo hará aquí, porque le seguimos viendo junto a la gente joven que le admira y a la que piensa ayudar desde su voluntad de seguir siendo útil a la sociedad.

 

Richard, ¿cómo te sientes?

Estoy feliz, tengo la cabeza mejor, después de todo lo que he vivido en este europeo de Funchal, donde mis compañeros me hicieron un homenaje cuando anuncié que iba a dejar la alta competición. Mira esta camiseta, dedicada por muchos de ellos, con palabras de reconocimiento y amistad. Todo ha sido muy bonito.

 

¿Ha sido un decisión muy pensada?

Después de los Juegos de Londres, donde conseguí dos medallas y preparando los mundiales de Glasgow ya empecé a sentir que las marcas no eran las mismas y entre que el hombro me empezó a dar guerra y que no me terminaba de encontrar bien en la piscina creo que ere el momento y por eso lo anucié.

 

¿A quién se lo dijo?

Primeramente a Sergio Martinez, el técnico federativo responsable de los nadadores con parálisis cerebral y se armó una buena, porque en cuanto se enteraron todos los compañeros empezaron a emocionarse, les vi llorar a muchos, porque me quieren y eso yo lo siento.

 

¿Después de seis Juegos, los de Rio eran su objetivo?

La verdad es que si, pero cuando en el campeonato de España en Sabadell no conseguí la mínima para clasificarme ya pensé que quizás no estaba para competir allí. Estaba triste y a mi alrededor me animaron, siempre me han animado, en casa me decía que disfrutara y fuera feliz, porque ya había conseguido mucho. Tengo muchas medallas y aunque siempre quieres más estoy contento de lo que hemos conseguido.

 

De memoria anda fenomenal..

Tengo todo bien recogido en el ordenador si quiere verlo… Empecé a nadar fuerte en 1990, dos años antes que los Juegos de Barcelona, para los que conseguí mínima.Allí recuerdo que no tenían previsto que no oyera bien y tuvieron que implantar una luz para dar las salidas, porque si no no me enteraba de cuándo daban la salida. Cuatro años después, en Atlanta gané tres oros y una plata, aunque para mi Sidney ha sido lo mejor de lo mejor.

 

Hagamos pues un aparte con Sidney…

Recuerdo salir de la piscina en las competiciones y ver a toda mi gente venga llorar de emoción, fue la competición en la que más disfruté. Gané la medalla de oro en 50, 100, 200 libre y en el relevo 4×50 y batí siete récords mundiales. Recuerdo que aquellas instalaciones fueron espectaculares, en comparación con las anteriores en las que disputamos también Juegos Olímpicos o mundiales. Y estaban llenas de gente que te motivaban mucho.

 

Seguimos con Juegos Paralímpicos…

En Atenas tuve un problema de catarro y sólo pude ganar una plata y un bronce, pero volví a emerger en Pekín, donde conseguí un oro y tres platas y me quedé con ese récord de 200 libre, que sigue en 2.55.81. En Londres cayeron otras dos medallas, pero allí empecé a pensar en que llegaba la hora de pensar en dejarlo. De hecho, en la federación me llamaron para preguntarme si quería seguir o no y les dije que seguía, pero ahora ya creo que estamos mejor sin esa presión.

 

¿Y ahora qué hace con el deporte?

Pues mira, salir a la calle tranquilo, ir al gimnasio, que ahora estoy encantado con Iñigo en el Tenis… Y, sobre todo, ayudar a los chavales que están en el club para que sigan adelante. Me suelen llamar de colegios para que les cuente cosas.

 

Montaron el club Konporta…

Si estuve yo sólo, pero ahora ya somos unos treinta nadadores con alguna discapacidad y les enseño a tirarse a la piscina y cosas que me hacen mucho más caso a mi que a Javier, porque me tienen mucho respeto. Siempre intento ayudar y lo seguiré haciendo.

 

Pero no le gusta dar pena…

Por supuesto que no. Yo soy un deportista, con una discapacidad, pero que la gente no tiene que compadecerse, porque hago los esfuerzos para intentar ser cada vez mejor dentro de lo que es mi personalidad, Tengo dificultades para expresarme y por eso también voy a la logopeda, y de movilidad y lo trabajo en el gimnasio, pero no tengo que desanimarme, al contrario. Lo que creo que hay que hacer es hablar mucho las cosas y reflexionar…

 

Sigue muy de cerca a la Real y al GBC…

Claro que si. Suelo ir al fútbol y al basket con mis amigos Oskar y Javi, que me traen hasta el bocadillo y también vamos a la sociedad a comer chuletillas de cordero, que es lo que más me gusta comer y tengo mucho saque.

En su memoria hay rivales a los que tiene muy presentes…

Mi competidor máximo ha sido el francés David Esmetamime, que me ha firmado la camiseta que ha sido un honor competir conmigo estos últimos doce años y si quieres saber mi ídolo dela natación es Alexander Popov, el ruso que nació en los setenta y nadaba fenomenalmente. Me gusta mucho ver las motos…Pero si te digo la verdad me emociono mucho viendo en la tele a los grandes deportitas consiguiendo ganar. Cuando les ponen las medallas o les dan los premios me pongo a llorar como si me los estuvieran dando a mi…. Suelo disimular para que en casa no me vean que lloro…

 

Me dice que está encantado en Donosti, pero también le gusta la playa de Ibiza…

Si aquí la gente me quiere, lo noto cuando voy por la calle o en el gimnasio, es verdad también que me gusta la playa de Ibiza para tomar el sol, que buena falta me hace…

 

Pero hay que seguir compitiendo o no?

Si, claro. No iré a la alta competición, pero tampoco voy a dejar la natación. Sigo ahí, porque es lo mío.

 

Aymerich, su entrenador y amigo

Javier de Aymerich es como un padre para Richard, su compañero inseparable y un entrenador que ha sabido en cada momento adaptarse al ritmo que marcaba el deportista, a la vez que ponía de por medio su conocimientos de de preparación para progresar en la alta competición.

Javier nos cuenta cómo llegó hasta Richard: “Yo estaba en mis clubes de natación, preparando a nadadores y en una reunión de técnicos, Iñaki Pagola y Julia Pérez, que trabajaban en Aspace me hablaron de un chico que había acudido al mundial de discapacitados y que incluso había ganado… Me interesé por él y enseguida me di cuenta que tenía los requisitos para ser un campeón: La genética adecuada y un gran espíritu de superación y de competición. Siempre ha sido un chico muy ambicioso. Llevamos ya diecinueve años juntos y es verdad que de un tiempo a esta parte le he notado que se siente como un poco aislado. La federación distingue a los deportistas por sus discapacidades y lo cierto es que nadadores con parálisis cerebral son muy pocos y Richard se nota bastante solitario, aunque le hayan acompañado otros dos chicos y una chica a este europeo. La verdad es que para mi ha sido una experiencia espectacular, porque él me ha enseñado mucho, nunca pensé que un deportista con parálisis cerebral sería capaz de conseguir las cosas que Richard ha conseguido”.

Una madre que le admira

Sigue atenta en la conversación Rosa, una madre que siente auténtica devoción por su hijo: “Richard es muy inteligente. Tendríais que verle las cosas que es capaz de hacer, por ejemplo con el ordenador, donde guarda todo con tanto orden, tiene toda su vida reflejada día a día, a mi me admira su forma de ser”.

Richard no había anunciado en casa lo que iba a ser la gran noticia en Funchal, como nos cuenta Rosa: “No teníamos ni idea de que lo iba a dejar y nunca hemos querido influir en sus decisiones, todas las toma él y esta también. Con lo inteligente que es, seguro que habrá calibrado todo para entender que es el momento para vivir un poco de otra manera, aunque será imposible que deje a un lado el deporte”.

Lo que sí ha conseguido esta familia es que Richard se sienta cada vez más independiente, se prepara sus maletas para cada viaje y ahí va en su triciclo a la compra cada vez que hace falta. Todo un ejemplo de superación para un chico que asume su discapacidad, pero se siente sobre todo deportista.

Foto Richard Oribe




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