Roberto Olabe, un buen técnico de ida y vuelta

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Alguien debería explicar los motivos de su segunda marcha del club con contrato en vigor y cargo tan relevante.

A cada mal resultado de la Real en Anoeta, el consejo se descuelga los lunes con una noticia bomba que eclipsa los comentarios decepción de la afición y la prensa, aunque algunas de esas noticias, como la última no hacen sino agravar la sensación de que por dentro ocurren cosas que cuesta entender.

Roberto Olabe llegó a la Real el pasado septiembre en un cargo de nueva creación y que Aperribay denominó “Director de fútbol”, para no incordiar el de “Director Deportivo” que sigue ostentando Lorenzo Juarros. Todas las preguntas de aquel día de su presentación iban destinadas a saber como sería la relación entre los dos técnicos, a la postre una suposición de que Olabe venía a hacerse cargo del trabajo que hasta el momento realiza Loren.

Conocemos la fuerte personalidad de Roberto Olabe, al que conocimos bastante bien en su primera llegada a la Real, como futbolista tras obtener en la defensa de la portería del Salamanca el ascenso a Primera División, pero no cató esa categoría en el cuadro charro, sino que se incorporó a Zubieta, para jugar también muy poco en la máxima categoría, siempre a la sombra de Alberto López.

Como despedida de su tercera temporada como portero de la Real, Krauss permitió a Olabe ser titular en la última jornada, casualmente en Mendizorrotza, campo de tanta raigambre para el vitoriano. El Alavés se jugaba la permanencia en Primera (hubiera bajado si pierde con la Real) y los realistas estaban cómodos ya que acabaron décimos aquella Liga que concluyó el 20 de junio de 1999. Julio Salinas, con la mano y Magno hicieron los goles del Alavés y a Javi De Pedro se le ocurrió meter presión con un golazo por el que pidió disculpas. La última media hora fue un baile amistoso para que Mané pudiera quedarse con el equipo en Primera.

Debut como entrenador

Roberto Olabe pasó entonces a ser entrenador del juvenil de la Real, con buenos resultados, porque visto lo que hemos visto de él, lo suyo era más la captación que el entrenar equipos de alto standing. Su paso por la Real fue un si pero no (sustituyó a Toshack en la 2001/2002 sin título adecuado y era Zamora el que firmaba las actas como entrenador y él como delegado), no le salieron las cosas después como entrenador del Eibar, donde sólo estuvo once partidos (sustituído por Javi Pérez hoy secretario técnico en la Real), luego tampoco pudo evitar el descenso del Almería al que llegó en abril del 2011 y lo cogió muy enfermito y su aventura como entrenador del Real Unión tampoco es que fuera brillante, ayudado por Mikel Antia e Iñaki Berruet.

Fue en 2002 cuando llegó a la Real en calidad de director deportivo y vivió los éxitos de Denoueix con el subcampeonato, aunque yo saqué la conclusión de que su verdadera inquietud estaba en el fútbol base. En ese tiempo hablé personalmente con él una sola vez, cuando me llamó para recriminarme que hubiéramos anunciado el fichaje por el Athletic de un chaval del Antiguoko al que aspiraba también la Real. Me llegó a decir que para él esa era peor noticia que cualquier derrota del primer equipo. Por eso digo lo que digo.

La cosa es que la llegada del consejo de Denon Erreala supone su destitución y tras presentar ante los jueces un contrato renovado y no cumplido por el club resuelven su salida en los tribunales, con una importante indemnización que tuvo que afrontar la Real. Volvió al Almería ahora como director deportivo y disfrutó con el éxito de Unay Emeri en el ascenso a Primera, pero lo dejó para hacerse cargo de una anunciada Liga de Filiales que su amigo José Luis Astiazaran, su presidente también en la Real, quiso montar desde la Liga de Fútbol Profesional. Aquello no salió y en 2008 entró en el Valladolid, donde por cierto se convirtió en el jefe de Alberto, aquél portero que le cerró el paso en la Real. Me contaron gentes de aquella ciudad que la relación entre los dos fue de educación y respeto mutuo, sin rimbombancias.

Otra vez a la Real

Fue algo extraño que Aperribay anunciara el nombramiento de Roberto Olabe varios meses antes de que se incorporara al club, quizás porque había que engancharlo de un oficio que Olabe llevaba con soltura en países lejanos y más en labores de gestión que de relación directa con el futbolista. Volvía esa persona que podía garantizar la estabilidad en el apartado deportivo del club, en directo complemento con el factor de gestión tan necesario hoy en día en los clubs por las cifras que mueven.

Así que se lo tomó en serio como siempre ha hecho, pero algo no ha cuadrado en sus pretensiones que en alusión a “razones estrictamente personales”, que es lo que se suele decir en estos casos para no herir sensibilidades, suponen su nueva salida de la Real con contrato en vigor. Quizás esta vez no tenga que afrontar la Real una indemnización como en la anterior, si es que, de verdad, la marcha de Roberto Olabe es por decisión personal y no por una falta de cumplimiento de contrato por las funciones que iba a realizar y no puede poner en práctica.

Todo ello debería explicarlo el club para el conveniente esclarecimiento de lo que iba a ser y no ha sido con una figura que llegó en medio de una gran exposición mediática y se marcha sin que nadie dé explicaciones.




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