Zuhaitz Gurrutxaga, de futbolista a actor

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Futbolista que debutó en la Real a los diecinueve años, músico, monologuista, actor teatral y ahora presentador de televisión, todo eso le contempla a Zuhaitz Gurrutxaga (Elgoibar, 1980). Intenta hacer reir a la gente con las cosas que cuenta y ha encontrado en ello un modo de vida que no pudo imaginar cuando era jugador de fútbol. Entramos en profundidad a recorrer su trayectoria en todas sus facetas.

Zuhaitz, ¿cómo vives?
– Muy bien. Trabajo en ETB presentado algún programa y feliz, esa es la verdad.
Seguro que no era lo previsto en un futbolista
– Nunca lo había pensado, de pequeño el sueño era ser futbolísta, como es el de muchos jóvenes y eso lo conseguí y nunca imaginé que mi vida seguiría este lado artístico.
Dicen que lo más difícil es hacer reir a la gente
– Pues si. Lo es y está bien conseguir que la gente crea que todo es fácil y natural, pero no sé quién dijo que el humor es algo muy serio y cuesta mucha concentración y mucho trabajo hacer reir a la gente y esa es una gran verdad.
¿Te quita el sueño saber que tiene que subirse al escenario?
– Cada vez que sales al escenario siempre te queda la duda de saber cuándo va a entrar el público, porque puede entrar en el primer minuto o que no entre y te cargas de peso y lo pasas mal. Si que te quita en parte el sueño hasta que entras en el ambiente.
¿Pensaste que tu carrera de futbolista haría gracia?
– Todo fue una consecuencia de que siempre me ha gustado contar historias, las contaba en el vestuario y en las cenas de equipo y funcionaban. Un día pensé que podía subirme a un escenario y contarlas a otro púbico también. Funcionó y por eso estoy en lo que estoy actualmente.
¿Hablabas del “futbolisto” porque eras un listo del fútbol?
– Creo que no pensé tanto. Es como cuando se presenta el título de un disco a un cantante, algo hay que poner e hice ese juego de palabras pero no me preguntes el motivo por qué lo hice, porque no sabría contestarte. Era un juego de palabras muy sencillo, pero sin mucho sentido.
¿Qué te dejó el fútbol?
– Cumplí el sueño de jugar en la Real, que era lo que quería de pequeño como tanto guipuzcoano. Jugar antes tantos miles de personas… Creo que esas vivencias me han servido de mucho para lo que hago ahora. Pero no era todo felicidad sino que también tenía algo de sufrimiento. Se trataba de cómo gestionar esa presión siendo muy joven, pero lo que me ha dejado aparte de muchos amigos es ganar en tablas y subirme a un escenario me causa ahora menos presión que a otra gente por lo que pasé.
Tenías fama de agresivo
–No lo era. Tenía mucho nervio y entraba a todo, eso si. Yo creo que un joven no ve el peligro, quizás algo de inconsciencia, aunque no demasiado porque de haber sido muy inconsciente quizás me hubiera ayudado a llegar más lejos en el fútbol y liberarme de aquella presión ambiental. Creo que de juveniles tocaba más el balón pero hice creer que era un defensa férreo y hasta me lo creí yo y a partir de ahí no confié en manejar bien el balón, cuando era algo que de juvenil hacía con mucha soltura y lo pedía continuamente. No me fue mal como defensa, pero se me fue aquella habilidad del toque de balón que tuve de chaval.
Y Clemente te hizo debutar para marcar a Halsselbaink…
– Fue mi debut en el Vicente Calderón y Javier Clemente me encargó defender al que era pichichi de la Liga. Lo cierto fue que dormí diez horas esa noche y eso que no soy de dormir mucho. Compartí habitación en Madrid con Joseba Llorente y recuerdo que dormí a pierna suelta, aunque es vedad que cuando salí al campo se me vino el mundo encima. Es que la semana anterior había jugado en Tercera contra el Tolosa y en pocos días me cambió la vida. Un fin de semana hizo que me reconocieran por Donosti y por Gipuzkoa. Ya era objetivo de la prensa… Fue un cambio rotundo de la noche a la mañana.
Y eso que no acabaste el partido
– Recuerdo que estaba haciendo un buen partido y cuando bajé al vestuario al enseñarme Diaz Vega la tarjeta roja me hundí pensando que había dejado al equipo con diez y que me iba a caer una buena. Por suerte, Clemente me cuidó bien, tiramos para adelante, pero aunque supe que había hecho un buen partido, también que la había liado y me quedé un poco raro.
Jugaste mucho ese año
– Debuté al principio de la segunda vuelta y jugué todos los partidos hasta el final, salvo el de la sanción por la expulsión y el trabajo de marcar al delantero rival me salió bastante bien. Se creó el Gurru que seca al rival más importante y me adapté, porque era joven, fuerte y rápido y como entraba a todo no tenía miedo de hacerme daño. Lo que pasó al año siguiente fue que cuando dejas de ser debutante se te exige un poco más, no basta con marcar al rival, sino que hay que salir con el balón jugado, guardar la línea y ahí no supe hacer bien esa transición. El segundo año es verdad que cuesta más para los jóvenes, porque en el primero se te perdona todo porque eres de casa y cualquier fallo se pasa, pero el segundo año ya te quitas el dorsal del Sanse, eres del primer equipo con todas las consecuencias y se te exige más. Tu trabajo es saber gestionar esas exigencias y no todos estamos preparados para sacarlo bien. Se me atragantó aquello, porque tenía veinte años y los futbolistas no somos robots.
Se acabó la aventura de la Real
– Pues si. El primer año jugué mucho, el segundo menos, el tercero mucho menos y en el años del subcampeonato sólo dos partidos y ahora que han pasado trece años de aquello me digo a mi mismo que estuve ahí en aquella temporada del segundo puesto. No sé cuánto aporté en el campo, probablemente aporté algo en el vestuario con los compañeros y ahora estoy más orgulloso de aquello que entonces, porque hasta en las celebraciones me encontraba un poco sin dar rienda suelta a la euforia del momento, pero creo que en aquella bonita historia una línea aunque sea pequeñita ya aporté, estaba entre aquellos veinticinco y lo cuento como el abuelo que cuenta estas historias al nieto que entonces que tuve una sensación de no involucrarme, hasta que al final me quité eso de la cabeza y lo festejé como si hubiera sido el pichichi de la Liga.
De Donosti a Algeciras…
– Fui cedido. Recuerdo que le pedí a Roberto Olabe, creo que estaba él, una salida porque estaba perdiendo la ilusión de jugar al fútbol y fui a Algeciras y tampoco salió muy bien y empezó mi declive. Aunque lo cuente en los monólogos porque hace gracia no es cierto que me despisté en la noche. Me despisté más porque llegaba de un Primera División y está claro que ni en Segunda, ni Segunda B ni en Tercera se puede estar sin correr y sin darlo todo. Gente como yo te tienes que vaciar porque tampoco somos Ronaldiño o Messi. Ahí me despisté creyendo que porque llegaba de una Real que jugaba Champions jugaría sin esforzarme, un error y poco a poco bajé de nivel.
Incluso jugó sin cobrar
– A mi me tocó en Lemona, en Segunda B y había gente con responsabilidades familiares que necesitaban el sueldo y lo pasaron mal. Nosotros íbamos tres en un coche desde Donostia y gastábamos en gasolina y peaje, así que no sólo no ganábamos sino que perdíamos dinero. Fue duro.
Y algunos futbolistas forrados…
– Es difícil ser políticamente correcto con esta historia. Quiero pensar que los grandes futbolistas generan ese dinero, no soy economista pero quiero creer que es así porque me parece una exageración, pero no me puedo posicionar.
¿Vas al fútbol?
– No. Me interesa mucho menos que antes. De chaval no tenía otra cosa en la cabeza, esperando los partidos de la Real los domingos. Fueron muchos años detrás de un balón e intento ahora separarme un poco. Por supuesto que me sigue interesando la Real, porque hay compañeros que no hemos jugado juntos pero nos conocemos. Illarra, Zuru, Markel… No fuimos compañeros, pero hay algo que une a quienes fuimos con los que son ahora futbolista. Quiero que les vaya bien y sigo a la Real y me alegro de que en este momento va todo bien, porque me caen de cine. Veo a la gente feliz por la calle por el fútbol de la Real y así todos contentos.
¿Exageramos el estado de ánimo en función de un resultado?
– Yo he sido así. Hasta que mi trabajo fue el fútbol, la pasión me hacía que tras una derrota de la Real el domingo, el lunes no iba a gusto al instituto. No voy a juzgar a nadie, porque yo lo he sentido. Es verdad que hay que medir las pasiones para que no crucen un límite, pero si te sientes bien o mal por la Real es que estás vivo por algo.
¿Qué me dices del día después?
– Me parece difícil. A mi no me ocurrió porque no pasé de Primera a dejarlo de golpe, sino que fui bajando escalones y me resultó muy natural desaparecer como futbolista, pero veo tocada a gente que está arriba y que de repente dejan de ser profesionales de un deporte que les ha generado tanta fama. No creo que les vendría mal una ayuda para saber cómo redirigir la vida, porque el halago y la fama son adictivos y que te falte la nube en la que estás con todo eso hay que cuidarlo al caerte de ella. Ni se preparaba eso, ni tampoco que con veinte años sepas superar la presión de toda una provincia y que cada lunes te pongan una puntuación en el periódico y se hable de ti en la calle. Te preparan para correr y darle al balón y quizás hoy en día hay psicólogos en los clubes, pero en mi época, no. Para estudiar y formarte a la vez que jugar al fútbol hace falta mucha fuerza de voluntad aún teniendo tiempo para ello…




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